Titular de la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM)
“Ordenar las aduanas es también dignificar al país”
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En un año al frente de la Agencia Nacional de Aduanas, la recaudación ha crecido 18 % y alcanzado más de un billón de pesos. ¿Cuál considera que fue el factor decisivo para lograr este incremento histórico?
—El factor clave ha sido la honestidad como política pública. Cuando se pone por delante el interés del país y no el interés personal, los resultados llegan solos. Lo que hicimos fue ordenar, establecer reglas claras y aplicar la ley de manera pareja, sin privilegios. Eso permitió cerrar espacios a la evasión y recuperar confianza en la autoridad. Hoy las aduanas no son terreno de discrecionalidad, sino de disciplina, transparencia y resultados medibles.
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Al inicio de esta administración se hablaba de una fuerte evasión fiscal, especialmente por el llamado huachicol fiscal. ¿Cuál fue el reto más complejo para cerrar esas fugas de ingreso impositivo?
—El reto más grande fue romper inercias y redes que se habían normalizado durante años. El llamado huachicol fiscal no era un problema técnico, sino ético. Se necesitaba decisión política y una coordinación absoluta con el SAT, con Hacienda y con las fuerzas de seguridad. Fue un trabajo silencioso, pero firme: revisar padrones, digitalizar procesos, auditar operaciones sospechosas y sobre todo, proteger a los servidores públicos que sí quieren hacer bien su trabajo.
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En los primeros meses de su gestión se tomaron decisiones que generaron cuellos de botella en la liberación de mercancías. ¿Cómo lograron equilibrar el control estricto con la agilidad necesaria para el comercio exterior?
—La prioridad fue recuperar el control, y eso a veces implica detenerse para reordenar. Una vez que el sistema se depura, la agilidad vuelve con más fuerza. Hoy tenemos procesos más seguros, pero también más rápidos porque eliminamos intermediarios y discrecionalidad. Las aduanas están aprendiendo a ser firmes sin dejar de ser facilitadoras.
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La “Operación Limpieza” se ha convertido en un punto de inflexión para las aduanas. ¿Cómo funciona en la práctica esta estrategia y qué resultados concretos ha tenido hasta ahora?
—“Operación Limpieza” fue una decisión de Estado. Inició con un diagnóstico institucional: identificar dónde estaban los puntos de corrupción, qué estructuras se repetían y cómo operaban. A partir de ahí se rotaron mandos, se revisaron antecedentes, se auditaron permisos y concesiones, y se estableció una nueva cultura interna. Hoy el mensaje es claro: en las aduanas no hay espacio para la impunidad.
El resultado es tangible: mayor recaudación, confianza del sector privado y un clima laboral más sano.
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Parte del éxito ha sido la coordinación interinstitucional. ¿Qué tan diferente es hoy la relación entre la ANAM y otras dependencias?
—Totalmente distinta. Antes cada quien trabajaba por su lado; hoy hay una visión compartida de país. Con la Secretaría de Marina y la Secretaría de la Defensa Nacional trabajamos bajo principios de integridad y disciplina. Con Hacienda y Economía construimos estrategias que alinean control fiscal con desarrollo económico. Esa coordinación es lo que nos permite ser parte del proyecto nacional de transformación: un gobierno que protege lo público y fortalece la confianza en sus instituciones.
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Las rotaciones de personal y el combate a la corrupción suelen generar resistencias internas. ¿Cómo enfrentaron esas resistencias y qué mensaje envían hoy a los funcionarios aduanales?
—Las resistencias existen, pero se enfrentan con claridad moral. A los buenos servidores públicos se les respalda; a quienes traicionan la confianza se les investiga. Hoy las aduanas están llenas de mujeres y hombres que quieren servir con orgullo. El mensaje es simple: el servicio público vuelve a tener sentido cuando se actúa con honestidad y amor a México.
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Sectores como el textil han reportado una competencia más justa gracias al combate al contrabando. ¿Qué otros sectores industriales han comenzado a notar un cambio tangible?
—El textil, el acero, los combustibles, los electrónicos… en todos se siente una diferencia. El comercio desleal no solo daña al fisco, también destruye empleo y desalienta la inversión nacional. Hoy, al cerrar esas fugas, las industrias mexicanas están respirando un aire de justicia económica que hacía falta desde hace mucho.
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El fortalecimiento del control aduanero se vincula con mayor confianza para los inversionistas. ¿Ha percibido señales de que este ordenamiento impulse nuevas inversiones o reactivación de industrias nacionales?
—Sin duda. Los inversionistas buscan certeza, no privilegios. Cuando saben que las reglas se cumplen y que las aduanas operan con transparencia, el capital regresa. Lo estamos viendo en la frontera norte, en los puertos y también en el sureste. México está mandando una señal de madurez económica: se puede crecer sin corrupción.
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A pesar del mayor control, los importadores que cumplen la ley parecen beneficiarse con mayor certeza. ¿Cómo se asegura la ANAM de que el cumplimiento sea claro y ágil para quienes actúan legalmente?
—Estamos construyendo un modelo donde cumplir la ley sea lo más fácil. Eso implica procesos digitales, ventanillas únicas y comunicación constante con el sector privado. Hoy los buenos empresarios no son vistos con sospecha, sino como aliados en la construcción de un comercio más justo y competitivo.
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Se ha mencionado la modernización tecnológica de procesos aduanales. ¿Qué innovaciones están implementando para mejorar control, transparencia y eficiencia?
—Estamos incorporando sistemas de trazabilidad digital, inteligencia de datos y controles automatizados. Las aduanas del futuro no dependen de más papeles, sino de mejores algoritmos. La tecnología no reemplaza al factor humano, pero sí reduce los márgenes de corrupción y mejora la toma de decisiones.
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En un entorno de comercio internacional cada vez más digital, ¿planean incorporar herramientas como inteligencia artificial o análisis predictivo para detectar riesgos fiscales?
—Sí, esa es la ruta. La inteligencia artificial ya no es un lujo, es una necesidad. Estamos desarrollando modelos predictivos para anticipar riesgos fiscales, detectar patrones irregulares y agilizar operaciones legítimas. México puede y debe ser líder en innovación aduanera en América Latina.
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Con estos resultados iniciales, ¿qué metas concretas se ha fijado la Agencia Nacional de Aduanas para los próximos 12 a 24 meses?
—Consolidar lo que ya logramos: una institución fuerte, confiable y moderna. Queremos que cada aduana sea un punto de desarrollo regional, no solo de recaudación. Nuestra meta es que la riqueza que entra por las aduanas se traduzca en bienestar para el pueblo.
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México vive un momento clave con fenómenos como el nearshoring. ¿Cómo se están preparando las aduanas para facilitar la llegada de nuevas cadenas de suministro sin descuidar el control fiscal?
—El nearshoring es una oportunidad histórica para el país. Pero solo tendrá sentido si los beneficios llegan también al sur. Estamos trabajando para que el corredor transístmico, los puertos del Caribe y las aduanas del sureste sean protagonistas de esta nueva etapa. La visión es clara: desarrollo con equidad territorial.
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Finalmente, ¿qué mensaje enviaría al empresariado mexicano sobre el papel de las aduanas en la competitividad y la recaudación nacional?
—Que confíen. Las aduanas están cambiando para servir mejor. No somos un obstáculo, somos un instrumento del Estado para hacer justicia económica. Recaudar bien es gobernar bien; ordenar las aduanas es también dignificar al país.











































